(Imagen cortesía de OWI.bz)
En el desarrollo del proyecto voy encontrando temas vinculantes. El de la máquina del estado frente al “caos” orgánico en el territorio es una lectura que aún hoy se hace en las grandes escalas, pese a la tremenda carga simbólica que tiene asociar lo artificial con la retícula o la línea recta, y anidar lo no-intencionado, lo natural dentro de lo orgánico o lo difuso. Tafuri nos hace pensar sobre ello y más cosas en un texto suyo.
Esta lectura se suele hacer impulsándose sobre prejuicios estéticos muy arraigados en la cultura occidental: SI-NO Blanco-Negro, 0-1, fuera-dentro, masa-vacio. El taoísmo está siempre ahí para dejar constancia de que también hay otros caminos de pensamiento.
Últimamente muchos compañeros arquitectos ven además el valor añadido de la historia. Las grandes utopías soviéticas sobre el territorio, las ciudades lineales, las ciudades-jardín del XIX se posan sobre el terreno dejando marca de nuestra llegada. Lucio Costa que define Brasilia con una cruz: “ha nacido el gesto inicial, con el que cualquiera localiza un lugar y toma posesión de él”.
Muchos despachos actuales usan esta refencia histórica para hacer crítica de la irrupción de “la maquinaria” ya sea de un estado o de una empresa, en el paisaje, planteando las dudas del positivismo aplicado a la ciudad. Pero esto se interpreta luego erroneamente por compañeros, que confundiendo esta crítica con un “todo vale” machacan su artefecto sin pensar si quiera en las consecuencias.
Los trabajos de superstudio o el proyecto Exodus de OMA (basado en una colaboración de Ralph Erskine con un artista) advertían de este hecho. Hoy siguen su camino, al menos en estética estudios con interesante profolio como Andrade Morettin o KDGVS. Y mientras, yo sigo pensando en mi carretera que surca el paisaje, oculta pero tan presente como una cicatriz tapada con laser.

0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.